Salir a correr siempre ha sido una manera barata, sencilla  y muy completa de hacer deporte, pero el verdadero auge del running comenzó con la llegada del siglo XXI y así lo reflejan el aumento de publicaciones y  estudios de investigación sobre la materia. Practicarlo ejercita y  mejora la forma física y está asociado a longevidad pero también incrementa el riesgo de padecer lesiones, principalmente en las piernas: varios autores hablan de la rodilla como la región más afectada, aunque se disputa el puesto con la planta del pie, la tibia en su cara anterior, el lateral del muslo y el tendón de Aquiles.

Como veis, no existe una lesión que predomine sobre las demás y es que las estadísticas son muy variables y dependen de múltiples factores. En lo que sí hay consenso, es en el hecho de que las alteraciones más problemáticas no son las molestias agudas sino las que adquieren un carácter crónico, es decir, aquellas que duelen desde hace tiempo y que, generalmente, guardan relación con sobrecargas mecánicas. El concepto de sobrecarga de una estructura corporal recibe el nombre de estrés de tejidos en el ámbito sanitario. Por muy curioso que parezca, es más que evidente que salir a correr puede reducir el estrés del día a día y al mismo tiempo someter a huesos, músculos, tendones, cartílagos y ligamentos a un estrés mecánico nocivo.

No cabe duda de que correr una maratón es una actividad muy exigente y es claro el riesgo de que aparezcan lesiones. Hay tres grandes grupos de factores a los que se recomienda prestar atención:

  • Características personales: la edad, la altura, el sexo, la alineación de las distintas partes del cuerpo entre sí y en relación al suelo, la distribución de presiones plantares, el estado de la circulación en miembros inferiores y el índice de masa corporal forman parte de este grupo. Aunque parece que los hombres son más propensos, no se ha encontrado ninguna información de calidad que sostenga que alguna de las características personales, por sí sola, aumenta el riesgo de padecer lesiones.
  • Diseño de gesto técnico y del entrenamiento: parece que la mala elección de calzado, la manera de contactar con el suelo, la distancia a correr y las horas de entrenamiento guardan cierta relación con el riesgo de padecer lesiones, pero los estudios ofrecen datos contradictorios. Algo más de evidencia tiene el hecho de que correr más de 64km a la semana aumenta el riesgo de sufrir lesiones, pero los resultados tampoco son concluyentes.
  • Salud y estilo de vida: en algo sí coinciden las diversas investigaciones, y es en la gran probabilidad de padecer una lesión si ya se ha padecido alguna con anterioridad. También las personas que necesitan recurrir al uso de plantillas u otro tipo de órtesis para miembros inferiores tienen más tendencia a estar lesionadas.

Salvando los datos que sí defienden como posibles factores del riesgo el acúmulo de horas de entrenamiento, tener antecedentes de lesión y necesitar ayudas externas para la práctica del running, no hay una evidencia incontestable sobre qué más aspectos predisponen a padecer lesiones. Insistimos  en que los resultados que arrojan los diferentes estudios son muy contradictorios y la razón es clara: padecer lesiones tiene un origen multifactorial. Es difícil que aciertes si insistes en echarle la culpa de tu lesión a una sola causa porque lo más habitual es que se trate de una suma de factores. A falta de más estudios que comiencen a arrojar luz sobre el papel que ejerce el contexto psicosocial del corredor en sus lesiones, las recomendaciones que ofrecemos desde el campo de la Fisioterapia son las siguientes:

Si has padecido alguna lesión, no la descuides. Es posible optimizar el estado trófico y funcional de tu aparato locomotor para evitar recaídas.

Si no sufres lesiones pero decides prevenirlas, déjate asesorar por expertos. Es posible aprender a mejorar el uso de tu cuerpo y escuchar su cansancio. No olvides que el objetivo de todo esto siempre debe ser tu bienestar.

Chus Jiménez

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