Estás leyendo y tocaría pasar de página. Colocas tus dedos de tal manera que te permitan pinzar el papel y voltearlo, tal vez duela, puede que inclines el libro un  poco agitando las letras para que te resulte más fácil, o que curves la hoja arrastrándola sobre la posterior como si se tratara de ir corriendo una cortina. Lo tienes  por fin y continúas con la lectura.

A lo mejor lo que ha ocurrido es que llamaste a alguien para que te ayudara porque tenías las manos dormidas. Es posible también que no leas en papel porque te resulta harto laborioso hacerlo.

Cuando se tiene Artritis Reumatoide, una de las regiones del cuerpo que más afectación suele tener es la mano, aunque no se ciñe exclusivamente a ella. En las articulaciones se produce una inflamación mediada por el sistema inmune que provoca, como principales síntomas, dolor e incapacidad funcional durante los brotes. La duración y frecuencia de estos es muy variable y cuando terminan, pueden dejar ciertos daños que afecten a la morfología y movilidad de las articulaciones que más han sufrido. Aunque en las manos es más frecuente que ocurra, otras articulaciones como  las rodillas y los pies también lidian a menudo con esta patología que en ocasiones no se limita solo al aparato locomotor sino que puede producir síntomas en el sistema nervioso, la piel, ojos, corazón, pulmones, riñones y vasos sanguíneos. En España la Artritis Reumatoide tiene una prevalencia de más de 200.000 personas, las mujeres tienen más probabilidad de padecerla y, aunque puede debutar a cualquier edad, su aparición típica es tras la menopausia. Existen otros tipos de artritis que, sin embargo, no respetan estos rasgos:

entre ellos hallamos a la Artritis Idiopática Juvenil, que ocurre en 1 de cada 1000 niños en nuestro país; la Artritis Psoriásica, íntimamente relacionada con la alteración cutánea que lleva su nombre, y la Espondilitis Anquilosante, más usual en hombres a partir de los 40 años y en la que la columna vertebral es la región dónde más síntomas se  producen.

Conviene mencionar que la Artritis Reumatoide y la Artrosis son patologías diferentes, dado que en la primera el sistema inmune provoca brotes  inflamatorios responsables del daño, mientras que en la segunda son causas relacionadas con la distribución de fuerzas y el desgaste propio del uso las que conducen a un cambio de forma y pérdida de funcionalidad en la articulación dañada.

Por suerte, con un buen tratamiento muchas de las dolencias descritas pueden evitarse o al menos suavizarse aunque para ello es fundamental que haya un diagnóstico temprano, generalmente obtenido a través de un examen de laboratorio que muestre los valores del factor reumatoide en sangre.  Los fármacos empleados en este campo han avanzado mucho en los últimos años y resultan imprescindibles para frenar el curso de la enfermedad, pero han de ir acompañados de la adquisición de buenos hábitos de vida en los que es imprescindible contemplar la salud mental, la dieta, el uso de ortesis plantares y férulas, y la práctica de ejercicio que, cuando se realiza para tratar una patología, recibe el nombre de ejercicio terapéutico. En este punto me voy a detener.

Son de sobra conocidos los beneficios del ejercicio para la salud cuando existe una buena programación: en el plano cardiorrespiratorio hay un gran número de estudios que objetivan cómo mejoran los volúmenes respiratorios y los parámetros cardiacos con entrenamiento bien pautado; mejora el metabolismo de población sana y de población con enfermedades como la diabetes, por ejemplo; mejora el estado  anímico por la liberación de neurotransmisores relacionados con el bienestar y la recompensa que tienden a su vez a disminuir la sensación de dolor si está presente; mejora un aspecto tan crucial como el descanso, y mejora indudablemente el aparato locomotor junto a la red que permite su funcionamiento, el sistema nervioso.

Practicar ejercicio hace que el cuerpo reciba estímulos biológicos favorables favoreciendo la mineralización ósea, incrementa el número de fibras musculares, de vasos sanguíneos  y nervios asociados al movimiento y su percepción, y también optimiza la calidad con que todo esto se orquesta en términos de fuerza, resistencia, postura y coordinación.

Es totalmente cierto que cada persona es un mundo. Resulta imprescindible estudiar el estado de cada paciente para conocer cuál es su punto de partida y desde ahí planificar su progresión personalizada con el ejercicio terapéutico. Desde ahí se marcan los objetivos, tan variados que pueden ir desde el intento de redefinir la alineación de la pierna para transferirle mayor competencia a la propulsión cuando caminas, hasta educar la sensibilidad y el control funcional necesarios para pasar la página de un libro.

Lo más importante siempre es la prevención del daño pero, incluso cuando ya existen dificultades, confía en que cuentas sin lugar a dudas con margen de mejora.

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